LEY DE EMERGENCIA CULTURAL || A MEDIA SANCIÓN DE OFICIALIZARSE


Los regímenes de necesidad y urgencia sanitaria implementados por el gobierno Nacional y Provincial para afrontar la pandemia del Covid-19 han explicitado nuevamente las desigualdades económicas/materiales en los diversos sectores de la sociedad, como también la necesidad de abrir procesos de transformación institucionales, de criterios y prioridades. Salta atraviesa desde hace años problemáticas sociales: muertes por desnutrición de comunidades originarias, falta de servicios básicos en muchos barrios populares, problemas habitacionales, entre otras carencias.
En esta situación se enmarca el tratamiento de la Ley de Emergencia Cultural, la cual implicó un doble desafío, ya que además de elaborar políticas estatales destinadas al sector de la cultura, también implicó acuñar un nuevo concepto de “trabajador/a de la cultura” que contuviese a los múltiples hacedores de la cultura de Salta.
La ley de Emergencia Cultural en el Artículo 2° explicita que, “Se consideran personas vinculadas a actividades artísticas y culturales a los efectos de la presente Ley, artistas independientes, entre los que se incluyen: artistas plásticos, artesanos, realizadores audiovisuales, teatristas, músicos, bailarines, artistas circenses, titiriteros, escritores, guionistas, los y las trabajadoras de los espacios culturales, salas, elencos de teatro y danza, escenógrafos y otras tareas similares, y técnicos vinculados a los espacios independientes. También abarca a espacios culturales independientes, entre los que se incluyen: asociaciones culturales, academias de danzas, música, salas y centros culturales y cooperativas culturales. El detalle de los beneficiarios es solo a efecto enunciativo, no es taxativo y por tanto, no es excluyente de otros agentes culturales que puedan ser incorporados a futuro”.
Vale recalcar que este nuevo concepto de “Trabajador/a de la cultura” significa un gran avance en términos de derecho y abre nuevas posibilidades para seguir elaborando políticas estatales destinadas a estos sectores, rompiendo con la concepción liberal de “trabajador/a de la cultura”, que priorizaba sin más, el desarrollo del turismo y el enriquecimiento empresarial. Si bien la ley explicita que el régimen especial de asistencia socio-económico tiene vigencia hasta el 31 de diciembre de este año, los criterios conceptuales y las prácticas colectivas desde las cuales está siendo elaborada, marca un precedente fuerte en la historia de la cultura salteña.
El Movimiento de los/as Trabajadores de la Cultura cada día abre nuevos espacios de reflexión para replantear la importancia de las prácticas culturales en la sociedad en general: se organizan festivales virtuales, conversatorios, charlas, coloquios, campañas de adhesiones y apoyo a través de las redes sociales; intervenciones artísticas en espacios públicos, semafórazos, etc. Como sería el caso de la artista plástica Limei Flores, que realizó una intervención de fotografías en un espacio público de Campo Quijano, con la finalidad de concientizar sobre la emergencia cultural y así sumar más adhesiones a la ley.
En un intercambio más cercano, Limei Flores nos planteó la importancia de considerar la situación de las prácticas culturales del interior para descentralizar el foco de atención de la capital salteña. Hay que preguntarse por las artesanas de San Antonio de los Cobres que vivían de la venta de sus producciones, pero que ahora seguramente la están pasando muy mal.
La artista plástica remarco la necesidad de saber cómo viven la crisis económica y sanitaria los hacedores periféricos del interior, para poder resistir colectivamente, necesitamos ampliar la mirada problemática hacia aquellos sectores a los cuales ni siquiera va a llegar los censos implementados.
FUENTE : EL TINTERO DE SALTA
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